Diagnóstico de la atopia canina: ¿qué hay de nuevo?
J Rejas López
Publicado en CONSULTA de Difusión Veterinaria, 1998, 6 (44): 100.
Caracteres primarios Prurito Morfología y distribución típica: (1) facial o digital (2) liquenificación de la superficie flexora de la articulación tarsal y/o la superficie extensora de la articulación carpal Dermatitis crónica o crónica recidivante Historia familiar o individual de atopia Predisposición de raza Caracteres
secundarios |
En perros, el diagnóstico de la atopia se basa en la presencia en el paciente de una serie de signos clínicos y epidemiológicos. Aunque nunca se ha llegado a demostrar su validez con ensayos científicos, clásicamente se ha usado la propuesta que realizó Willemse (1986), basándose en los criterios que se definieron para el diagnóstico de la atopia en medicina humana. En resumen, para que un perro se considere atópico necesita presentar al menos 3 caracteres principales y 3 secundarios (ver tabla).
Recientemente se ha propuesto una redefinición de los criterios diagnósticos para la atopia humana. En base a ello, Prélaud y col. (1997) han llevado a cabo en perros un estudio preliminar en el que observan la presencia de nuevos signos diagnósticos como la pododermatitis eritematosa bilateral, el eritema auricular bilateral y la queilitis, éste último considerado como carácter menor en los criterios de Willemse. Igualmente comprueban la falta de relación entre atopia y la presencia de pioderma, seborrea o frente predisposición racial, concluyendo que se hace necesario un estudio que compruebe la eficacia y reproductibilidad de los signos propuestos en el diagnóstico clínico de atopia.
Una vez que se ha llegado al diagnóstico, si se desea establecer un tratamiento de desensibilización del paciente, se necesita determinar qué alergeno(s) son los responsables del proceso. Para ello desde hace años están disponibles los tests de intradermorreacción, los cuales presentan una serie de limitaciones importantes: se deben suprimir previamente los tratamientos establecidos con corticoides y/o antihistamínicos, no se pueden realizar en animales con una dermatitis extensa y severa, se necesita rasurar una parte importante de la capa del animal, etc.
Posteriormente surgieron pruebas de laboratorio para la determinación cuantitativa, en suero canino, de IgE específicas de alergenos, adquiriendo un mayor papel en la clínica diaria hace pocos años, cuando se inició la comercialización de métodos ELISA para dicha valoración. Estas pruebas eliminaban algunos de los inconvenientes de la intradermorreacción, aunque tenían una baja repetibilidad y numerosos falsos positivos, por lo que las pruebas intradérmicas eran a priori preferibles.
Estos resultados mediocres posiblemente se debieran a que utilizaban como reactivos IgE policlonales. Recientemente (Wagner, 1997; Wagner y Schwendenwein, 1997; Zunic y col., 1997) se han ensayado tests ELISA de determinación de IgE caninas específicas de alergenos, usando como reactivo IgE monoclonales, encontrando que mejoran los resultados de los métodos anteriores, aunque la referencia a seguir continúe siendo los resultados obtenidos mediante intradermorreacción.
Una parte de los errores cometidos en la valoración de los alergenos implicados se puede deber a que se usan extractos alergénicos poco purificados. La investigación futura se centra en identificar las fracciones alergénicas implicadas de cada alergeno, para así mejorar estas pruebas (Willemse, 1996).
Finalmente, se debe recordar que los métodos basados en la determinación de IgE en suero no son completamente adecuados para la interpretación del papel de la pulga en los procesos alérgicos (Beale, 1997) -dermatitis alérgica a la picadura de pulgas-, ya que muchas veces esta hipersensibilidad es de tipo retardado; en este caso también el ensayo mediante intradermorreacción es superior.
Bibliografía
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Proceedings of the North American Veterinary Conference, 152-154.
Prélaud P, Guaguère E, Alhaidari Z, Héripret D, Faivre N, Gayerie A.
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Zunic M, Weck AL de, Hämmerling R, Itaya H, Hönel A, Hasegawa A. (1997)
Diagnosis of dog atopy: comparison between CMG Immunodot Strip Tests
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